Hace mucho tiempo, los océanos eran de agua dulce y calma cristalina. Para salvar a su pueblo de una gran hambruna, un noble anciano recibió de los espíritus un molinillo mágico capaz de crear sal pura con solo una frase, y detenerse con otra.
La noticia llegó a Malakor, un pirata codicioso que robó la reliquia y zarpó hacia mar abierto. Desesperado por amasar una fortuna, activó el molino al grito de las palabras mágicas, pero jamás aprendió la frase para detenerlo. La sal brotó sin control, volvió el barco demasiado pesado y lo hundió hasta la fosa más profunda del océano. Como el molinillo era mágico e indestructible, jamás dejó de girar en el fondo marino, convirtiendo toda el agua del planeta en agua salada.
Al ver el desastre, la diosa de los vientos comenzó a soplar con fuerza sobre la superficie para mover y enfriar el agua. La fricción de sus soplos empezó a empujar la capa superior del mar, generando las olas que viajan hasta la orilla. Desde entonces, cada ola que rompe en la playa es el viento intentando repartir la sal que el viejo molino sigue liberando en las profundidades.fin.
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